miércoles, 5 de octubre de 2016

Playa en Uruguay





Los límites de la ciencia

Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.
Salmo 90:2
¡Cuán innumerables son tus obras, oh Señor! Hiciste todas ellas con sabiduría.
Salmo 104:24

Para algunas personas, no existe nada fuera del universo material, por ello quieren explicarlo todo mediante causas naturales. Pero esta manera de ver es muy discutible. ¿Por qué deberíamos tener por sabido que todo fenómeno posee una explicación natural? ¿Es más racional pensar que el universo se produjo por sí mismo, o aceptar que fue creado por Dios? La ciencia no permite elegir entre estas dos posibilidades. No tiene ninguna respuesta segura a las preguntas que van más allá del mundo visible.
En cambio, la Biblia establece a la vez el fundamento y los límites de la ciencia.
El fundamento: la Biblia muestra que el mundo puede ser estudiado con la inteligencia que Dios nos dio, como lo hizo, por ejemplo, el rey Salomón: “Y di mi corazón a inquirir y a buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo” (Eclesiastés 1:13).
Los límites: ella muestra que algunos fenómenos sobrepasan lo que la criatura puede comprender (Eclesiastés 8:17). Es el caso, por ejemplo, de los milagros que no pueden tener explicaciones científicas.
Pero la Biblia va más lejos. Ella revela a Dios, el Autor de todas las cosas, y nos muestra el camino para entrar en relación con él; nos habla de su amor revelado en Jesús. Aceptando esta revelación, comprendemos nuestro verdadero lugar en el universo. Entonces podemos dejar a la ciencia su verdadero lugar, y tomar por la fe lo que escapa a su competencia (Hebreos 11:1).
Hageo 2 - Apocalipsis 11 - Salmo 144:1-8 - Proverbios 30:7-9

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

domingo, 3 de julio de 2016

Celebrar la gloria de Dios

El Señor es el Dios verdadero; él es Dios vivo y Rey eterno... El que hizo la tierra con su poder, el que puso en orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su sabiduría.
Jeremías 10:10, 12
Las libélulas que vuelan sobre la superficie brillante de los estanques, las ballenas que rompen el azul silencio de los océanos, las cabras con sus ágiles pezuñas, la luna, el sol y las estrellas, las montañas y los campos... ¡Toda la naturaleza proclama la gloria de Dios! La belleza y la armonía del universo revelan algo del Creador y celebran su infinita grandeza y profunda sabiduría.
Pero esta proclamación de la gloria de Dios a través de la naturaleza no es suficiente, porque Dios desea ser glorificado por el hombre. Y solo este puede alabarlo de forma inteligente. ¡Incluso es uno de sus privilegios! Desgraciadamente, en general el hombre no glorifica a su Creador, ni mediante su conducta, ni por sus palabras, y a menudo su vida es una ofensa al Dios santo.
Dios puede reivindicar su gloria juzgando a los hombres, que se rebelaron contra él, pero su mayor gloria es perdonar a aquellos que confían en su Hijo. Jesús murió para salvarnos; y aceptar su sacrificio también significa inclinarnos ante el gran Dios, reconociendo su grandeza, su santidad y su amor. Así podemos alabar a Dios por todo lo que es y por todo lo que hace por nosotros.
¿Reconocemos que Dios es digno de ser honrado por sus criaturas, como lo es por su creación? ¿Hacemos todo para honrarlo con nuestra conducta? ¿Ocupa el lugar que merece en nuestra vida, es decir, el primer lugar? ¡Cuántas preguntas fundamentales!
Números 13 - 1 Juan 2:18-29 - Salmo 78:21-31 - Proverbios 18:13

martes, 24 de mayo de 2016

Orquídea - flor de un día






Las respuestas que la Biblia da al sufrimiento

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.
Isaías 53:3


¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?
Lucas 24:26


La Biblia no habla del sufrimiento como de una realidad de la cual se podría debatir de forma abstracta, pues muestra situaciones concretas: el sufrimiento producido por los diferentes tipos de violencia que el hombre inflige al hombre, el sufrimiento que provoca la traición, la humillación, el desprecio, y también el que experimenta un cuerpo enfermo, herido, en agonía. El sufrimiento del alma que llama, gime y pregunta: ¿Dónde está Dios?, y que espera una respuesta divina.
El libro de Job describe de forma sobrecogedora la experiencia humana del sufrimiento. Por un lado Job, hombre justo, está agobiado por el sufrimiento. Por otro lado, sus amigos quieren explicarle por qué sufre, sospechando de faltas que él no cometió. Pero al final Dios interviene y les declara: “No habéis hablado de mí con rectitud, como mi siervo Job” (Job 42:8). Es una lección importante que nos cierra la boca en presencia de los que están pasando por grandes sufrimientos.
Pero el libro de Job va más lejos todavía, pues Dios emplea ese sufrimiento para enseñar a Job. Le muestra su grandeza como Creador, el interés que tiene por él y la finalidad de sus designios. Job comprende su pequeñez y, justo antes de que se acabe el libro, declara: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” (Job 42:5).


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

jueves, 25 de febrero de 2016

Dios se comunica con el hombre

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Salmo 19:1
Mirad que no desechéis al que habla... al que amonesta desde los cielos.
Hebreos 12:25
Salmo 19
“Los cielos cuentan la gloria de Dios... No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras” (v. 1, 3-4). Sí, Dios quiere comunicar al hombre algo de su grandeza mediante la naturaleza, y especialmente a través del universo celestial que nos hace percibir lo infinito de Dios.
Por elocuente que sea este lenguaje sin palabras, muy a menudo el hombre no lo percibe, pues hace de sí mismo el centro de sus pensamientos, está inmerso en el torbellino de la vida o está persuadido de poder explicar todo mediante su inteligencia.
Dios también emplea otro tipo de comunicación para darnos a conocer no solo su grandeza, sino también sus pensamientos. Lo hace por medio de su Palabra, revelada hoy de forma tan maravillosa en aquel que la encarnó, es decir, Jesucristo, el Hijo de Dios mismo, la Palabra eterna que vino a este mundo.
¿Qué quiere comunicarnos Dios? ¿Mandamientos duros y severos? ¡Todo lo contrario! Dios busca nuestra bendición y nuestro gozo. La Palabra de Dios restaura el alma, la purifica y la renueva. Hace sabio al hombre, alegra el corazón e ilumina los ojos: “El testimonio del Señor es fiel, que hace sabio al sencillo. Los mandamientos del Señor son rectos, que alegran el corazón; el precepto del Señor es puro, que alumbra los ojos” (v. 7-8).
Es un privilegio si tenemos a nuestra disposición la Biblia, la Palabra de Dios escrita. ¡Leámosla! Su mensaje supremo es una Persona: ¡el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesús!
Éxodo 9 - Hechos 8:1-25 - Salmo 26:8-12 - Proverbios 10:17-18